La materia que compone tanto la sustancia viviente como la “no viviente” está
formada por átomos. Como ya dijimos en notas anteriores, son apenas 92 y se
combinan de distintas maneras de modo de constituir sustancias (moléculas), que
se presentan ante nuestros ojos con formas, colores, tamaños y propiedades
diferentes. Esta diversidad no es tal, ya que su esencia es similar. Todo el
Universo es semejante entre sí, la similitud está en que todo es energía y vacío
dispuestos de un modo que dan al hombre idea de diversidad y diferencia.
Esta materia posee un gran misterio: evoluciona. Este proceso se va dando a
través del tiempo. Se calcula que la antigüedad de la Tierra es de 4600 millones
de años. Los organismos fósiles más antiguos fueron encontrados por Baghoorn y J
W. Schoogf en 1967en el sur de África. Son unas células procariontas (sin
núcleo) muy primitivas. Se calculó que tienen una antigüedad de 3400 millones de
años, por lo que se deduce que hay un período de 1000 millones de años en donde
la materia inorgánica se transformó en orgánica y ésta en materia viviente,
aprovechando el momento en que la Tierra estaba lo suficientemente fría como
para poder contener materia viva.
A medida que se enfriaba la Tierra, el vapor de agua en la atmósfera condensaba
y se produjeron grandes lluvias, que formaron los océanos. Las erupciones
volcánicas también desprendían vapor de agua, que contribuía a la formación de
los mismos.
En los comienzos de nuestro planeta el clima era turbulento y hostil, había
grandes tormentas eléctricas y las radiaciones caían permanentemente sobre él.
La atmósfera que lo rodeaba era “primitiva” y muy diferente a la actual, ya que
estaba formada por distintos gases que aún están en discusión, aunque se cree
que había dióxido de carbono (CO2), nitrógeno (N2), agua (H2O), metano (CH4),
algo de hidrógeno (H2) y amoníaco (NH3). Lo que no se discute es que no existía
el oxigeno libre (O2), como en la actualidad, porque no había seres vivientes
que lo requiriesen y tampoco existía la capa de ozono, que actualmente protege
la vida, porque en ese momento no había “vida” para proteger.
El oxígeno tal cual lo conocemos ahora comenzó a aparecer con los ciclos de
vida.
Se cree que como la Tierra se encontraba bombardeada por electricidad y
diferentes radiaciones, el medio era favorable para que los gases disueltos en
esa atmósfera primitiva reaccionaran químicamente usando la energía que provenía
del caos climático, ya que las descargas eléctricas, las radiaciones, el calor
de las erupciones volcánicas, eran permanentes fuentes de energía. De este modo,
se propiciaron las primeras reacciones químicas, que dieron lugar a la formación
de moléculas orgánicas simples no biológicas (monómeros), entre ellas, los
aminoácidos y azúcares. El hecho es que estos compuestos fueron arrastrados y
abandonados en las orillas de los océanos, donde se disolvieron formando el
“caldo primitivo”.
Estos compuestos simples, debido al caos del momento, sufrieron distintos
procesos de enfriamiento, evaporación, desecación, de modo que el medio fue
propicio para que se unieran entre sí (polimerización) formando macromoléculas
(moléculas grandes), proteínas, fosfatos, bases nitrogenadas, ácidos grasos y
otras que son el principio de la materia viviente.
Hay varias teorías que discuten si este proceso se dio con la presencia de agua
“coacervados” (Teoría de Oparin, bioquímico ruso, 1921) o en una atmósfera seca
a elevadas temperaturas (Teoría de Fox) “micro esferas”.
Estas gotitas eran una especie de barro gelatinoso (coloide) en donde las
primitivas moléculas biológicas estaban suspendidas y tenían la posibilidad de
agruparse como micro esferas y desarrollar un límite externo parecido a la
membrana celular.
La capacidad de supervivencia de esa gotita dependía de la complejidad y
eficacia de su “metabolismo primitivo”. Recordemos que un sistema biológico es
activo y para vivir desarrolla la capacidad de interactuar con el medio que lo
rodea, de modo que se autorregula y tiende a perpetuarse.
La adaptación al medio de este barro, parecido al citoplasma celular, pudo haber
sido la generación de una membrana plasmática que lo protegiese y que mejorase
su capacidad de supervivencia. Así, se habrían desarrollado las primeras células
capaces de tomar del entorno lo necesario para sobrevivir y auto duplicarse.
Podríamos pensar que se parecían a los virus, que no son más que macromoléculas
capaces de auto replicarse a expensas del medio exterior.
Autor: María Cristina Chaler AGENCIA DE NOTICIAS CIENTÍFICAS Y TECNOLÓGICAS
(CyTA-INSTITUTO LELOIR) |